Sólo el pueblo salva al pueblo

Hoy nos encontramos ante uno de los retos más grandes de la historia: superar el sistema de dominación y opresión más complejo que ha existido nunca. Uno de los primeros pasos para hacerlo es aumentar nuestra conciencia, la conciencia de los oprimidos, la conciencia del Pueblo.

Es por esto que algunas personas que estamos hartas de este sistema (cuyos pilares son la economía de mercado y el Estado), que anhelamos la libertad y una sociedad basada en la misma, queremos compartir contigo unas breves reflexiones que consideramos relevantes y muy necesarias.

Recuperar el significado de democracia

Desde siempre los humanos hemos vivido en sociedad, así que siempre hemos tenido alguna forma de organización social. Entre las distintas formas de organizarnos podemos distinguir dos corrientes antagónicas: la heteronomía y la autonomía.

“¿Cómo puedo ser libre si tengo que obedecer las leyes? No discutiré ahora las respuestas que se han dado a la pregunta. Personalmente, creo que en la noción de autonomía hay una respuesta, la única que da un sentido positivo a la libertad. Autónomo es aquel individuo que se da a sí mismo sus propias leyes. Dado que en la sociedad hay un número indefinido de individuos, resulta evidente que cada uno de ellos no pueda darse su propia ley. ¿En qué sentido, entonces, puedo afirmar que soy autónomo dentro de una sociedad? Pues bien, puedo afirmarlo si tengo la posibilidad real, y no sólo formal, de participar junto con todos los demás, en un plano de igualdad efectiva, en la formación de la ley, las decisiones sobre ella, su aplicación y el gobierno de la colectividad. En mi opinión, este es el verdadero sentido de la democracia.” C. Castoriadis

En las formas de organización heterónomas (del griego hetero, “otro”, y nomos, “norma”) la ley nos viene dada desde fuera. La ciudadanía no tenemos la posibilidad de participar ni decidir sobre la sociedad en la que vivimos, siendo unas élites o divinidades varias las que deciden el rumbo de la sociedad y gran parte de nuestras vidas.

En el otro extremo, en una sociedad autónoma (del griego auto, “uno mismo”, y nomos, “norma”) somos la ciudadanía quienes, mediante nuestra participación directa y activa, damos forma a la sociedad en la que vivimos (sin partidos, sin jerarquías, sin dominadores ni dominados). Es entonces una sociedad en la que el pueblo se gobierna a sí mismo, un régimen igualitario, un régimen democrático.

Sí, democrático. Es posible que de entrada a algunas personas les genere rechazo la palabra “democracia”, pues pocas palabras se han tergiversado tanto como esta, pero no por eso debemos renunciar a ella. Democracia (del griego demos, “pueblo”, y kratos, “poder”) significa soberanía del pueblo, un régimen basado en la igualdad de poder de toda la ciudadanía. Pero, para poder hablar de una verdadera democracia no basta con recuperar su significado clásico, es necesario extenderlo a todos los ámbitos de lo colectivo para eliminar así todo tipo de dominación: en el ámbito político, en el económico, en el social en general y en el de las relaciones entre la sociedad y la naturaleza[^1].

[^1]: Tal como se propone desde el proyecto de la Democracia Inclusiva.

Toda la población de una área geográfica determinada debería ser considerada parte de la ciudadanía. Las asambleas locales podrían confederarse a distintos niveles (regional, continental…) para tomar esas decisiones que fueran más allá del ámbito local. Así, en las asambleas locales se darían los mandatos específicos a los delegados, que se coordinarían en los distintos niveles para administrar e implementar las decisiones. Los delegados son revocables y, a diferencia de los representantes, no toman decisiones “en nombre del pueblo”.

Nadie puede “representar” la voluntad de nadie. La “representación” es una falacia liberal que intenta legitimar desde hace doscientos años el actual régimen político oligárquico auto-nombrado “democracia” representativa. Es importante empezar a reconocerlo como tal y dejar de decir que vivimos en una democracia.

Escoger la autonomía es apostar por la libertad, entendida no como ausencia de restricciones (concepción liberal) sino como capacidad de hacer, dedicarse al propio desarrollo y participar del autogobierno de la sociedad.

¿Qué es la asamblea?

Desde sus inicios, el “movimiento” 15-M hemos establecido acertadamente la asamblea como órgano de toma de decisiones. Pero ¿qué es la asamblea? ¿La concebemos realmente como el órgano soberano de toma de decisiones?

Hoy, son muchos los espacios que se rigen por una asamblea, pero hay distintas concepciones sobre qué es ésta y cómo tiene que funcionar. Es necesario que concibamos la asamblea no como un procedimiento que complementa o mejora el sistema vigente sino como el órgano básico de un verdadero régimen democrático, una sociedad regida directamente por el Pueblo. Deberíamos que entender la democracia no sólo como un procedimiento a aplicar en algunos ámbitos, sino como la forma en que se rige la sociedad.

Para entender el papel de la asamblea tenemos que preguntarnos qué es el poder. El poder es la capacidad de hacer y decidir, de emitir mandatos con autoridad. Esta capacidad puede estar distribuida igualitariamente (todas las personas pueden participar directamente en la formulación de las leyes y la toma de decisiones que les afectan) o desigualmente (unos sectores de la sociedad dominan los demás). Así pues, eliminar el poder sería tan indeseable como imposible. Lo que sí que se tiene que erradicar es la concentración de poder, es decir, la desigualdad y las relaciones de dominación entre las personas. La asamblea es la forma de toma de decisiones que permite institucionalizar la distribución igualitaria del poder.

Así, la asamblea popular es la institución política fundamental del pueblo autónomo. Es el órgano de toma de decisiones de una comunidad y, por tanto, vinculante para ésta. A la vez, la asamblea de una asociación lugar de trabajo o colectivo es el órgano soberano del mismo.

Para poder hablar de verdadera democracia no es suficiente la institución de la asamblea, hace falta también una cultura y unos valores que la hagan posible. Se tiene que entender que una sociedad basada en la autonomía es una sociedad basada en la responsabilidad de sus miembros. Así, por ejemplo, es necesario reflexionar, debatir y trabajar individual y colectivamente las cuestiones a tratar antes de asistir a las asambleas, yendo sobre todo a aportar y no sólo a recibir. También es imprescindible que se genere un clima de respeto, confianza y convivencialidad entre las personas.

La necesidad de crítica, reflexión y mejora

Para poder construir esta nueva sociedad tenemos que des-educarnos y re-educarnos. Es necesario que nos deshagamos de los malos vicios y comportamientos que fomenta y nos ha inculcado el sistema actual y lo es que desarrollemos nuevos valores y cualidades. Así, tenemos que superar el individualismo, el egoísmo, el infantilismo, la inseguridad, el conformismo, el dogmatismo, el inmediatismo, la pereza y todas aquellas características que limitan nuestra capacidad transformadora. A la vez, hay que desarrollar la solidaridad, el apoyo mutuo, el trabajo desinteresado, la capacidad de esfuerzo, la constancia, la perseverancia, la valentía, la honradez y todas aquellas virtudes humanas que harán posible una sociedad autónoma.

Para llevar a cabo este proceso de superación y mejora personal y colectiva es fundamental tanto la crítica como la autocrítica. Hay que saber aceptar y realizar esta crítica. En este sentido, hay que saber criticar y entender que una buena crítica es una muestra de respeto –y no de una falta de éste–, ya que muestra interés y confianza en la mejora del otro. Esta crítica tiene que basarse en la voluntad de mejora y en la apuesta colectiva por el bien común, discutiendo las ideas sin que los “egos” se sientan atacados, en una actitud honesta y positiva. Tiene que ser el compromiso de todos y todas querer ir aprendiendo y mejorando como personas a lo largo de la vida.

Sólo el pueblo salva el pueblo

Es fácil ver que los políticos profesionales no harán nada para sustituir el sistema actual por uno en el que seamos el Pueblo quien decide sobre nuestro destino. Esto se debe no sólo a que va contra sus intereses, sino también a que entra en contradicción con las dinámicas del sistema que controlan. Entra en contradicción porque estas dinámicas llevan al aumento de la concentración de poder y no a la distribución igualitaria del mismo. Así, es utópico pensar que en base a reformas al sistema actual podremos superar la crisis y desigualdades inherentes a éste y a la vez construir una nueva sociedad autónoma.

Para alcanzarla, hace falta un movimiento popular masivo que apunte explícitamente hacia la construcción de una forma de organización social alternativa que sustituya la actual. Para que podamos hablar de un movimiento y éste sea realmente efectivo, es necesario que tenga unas bases sólidas compartidas y que no sea sólo un “frente común”. En este sentido, creemos que el único paradigma emancipador capaz de unir las distintas luchas y movimientos sociales actuales es el de la lucha contra toda forma de dominación, por tanto, a favor de la igualdad de poder en todos los ámbitos[^1].

El reto de la transformación social es un reto complejo y difícil. Por eso es importante que aprendamos de los intentos y experiencias del pasado, así como de las luchas del presente. La sociedad de consumo nos ha llevado a quererlo todo aquí y ahora, pero esto sólo nos lleva a la superficialidad. Un cambio como el que necesitamos y anhelamos es un cambio histórico que debe afrontar las raíces de los problemas y, como tal, tiene que hacerse en base a pasos firmes y sólidos.

Para avanzar hacia esta nueva sociedad no es suficiente sólo ir cambiando los valores. En la medida en que algunas personas vayamo

Hoy nos encontramos ante uno de los retos más grandes de la historia: superar el sistema de dominación y opresión más complejo que ha existido nunca. Uno de los primeros pasos para hacerlo es aumentar nuestra conciencia, la conciencia de los oprimidos, la conciencia del Pueblo.

Es por esto que algunas personas que estamos hartas de este sistema (cuyos pilares son la economía de mercado y el Estado), que anhelamos la libertad y una sociedad basada en la misma, queremos compartir contigo unas breves reflexiones que consideramos relevantes y muy necesarias.

Recuperar el significado de democracia

Desde siempre los humanos hemos vivido en sociedad, así que siempre hemos tenido alguna forma de organización social. Entre las distintas formas de organizarnos podemos distinguir dos corrientes antagónicas: la heteronomía y la autonomía.

“¿Cómo puedo ser libre si tengo que obedecer las leyes? No discutiré ahora las respuestas que se han dado a la pregunta. Personalmente, creo que en la noción de autonomía hay una respuesta, la única que da un sentido positivo a la libertad. Autónomo es aquel individuo que se da a sí mismo sus propias leyes. Dado que en la sociedad hay un número indefinido de individuos, resulta evidente que cada uno de ellos no pueda darse su propia ley. ¿En qué sentido, entonces, puedo afirmar que soy autónomo dentro de una sociedad? Pues bien, puedo afirmarlo si tengo la posibilidad real, y no sólo formal, de participar junto con todos los demás, en un plano de igualdad efectiva, en la formación de la ley, las decisiones sobre ella, su aplicación y el gobierno de la colectividad. En mi opinión, este es el verdadero sentido de la democracia.” C. Castoriadis

En las formas de organización heterónomas (del griego hetero, “otro”, y nomos, “norma”) la ley nos viene dada desde fuera. La ciudadanía no tenemos la posibilidad de participar ni decidir sobre la sociedad en la que vivimos, siendo unas élites o divinidades varias las que deciden el rumbo de la sociedad y gran parte de nuestras vidas.

En el otro extremo, en una sociedad autónoma (del griego auto, “uno mismo”, y nomos, “norma”) somos la ciudadanía quienes, mediante nuestra participación directa y activa, damos forma a la sociedad en la que vivimos (sin partidos, sin jerarquías, sin dominadores ni dominados). Es entonces una sociedad en la que el pueblo se gobierna a sí mismo, un régimen igualitario, un régimen democrático.

Sí, democrático. Es posible que de entrada a algunas personas les genere rechazo la palabra “democracia”, pues pocas palabras se han tergiversado tanto como esta, pero no por eso debemos renunciar a ella. Democracia (del griego demos, “pueblo”, y kratos, “poder”) significa soberanía del pueblo, un régimen basado en la igualdad de poder de toda la ciudadanía. Pero, para poder hablar de una verdadera democracia no basta con recuperar su significado clásico, es necesario extenderlo a todos los ámbitos de lo colectivo para eliminar así todo tipo de dominación: en el ámbito político, en el económico, en el social en general y en el de las relaciones entre la sociedad y la naturaleza[^1].

[^1]: Tal como se propone desde el proyecto de la Democracia Inclusiva.

Toda la población de una área geográfica determinada debería ser considerada parte de la ciudadanía. Las asambleas locales podrían confederarse a distintos niveles (regional, continental…) para tomar esas decisiones que fueran más allá del ámbito local. Así, en las asambleas locales se darían los mandatos específicos a los delegados, que se coordinarían en los distintos niveles para administrar e implementar las decisiones. Los delegados son revocables y, a diferencia de los representantes, no toman decisiones “en nombre del pueblo”.

Nadie puede “representar” la voluntad de nadie. La “representación” es una falacia liberal que intenta legitimar desde hace doscientos años el actual régimen político oligárquico auto-nombrado “democracia” representativa. Es importante empezar a reconocerlo como tal y dejar de decir que vivimos en una democracia.

Escoger la autonomía es apostar por la libertad, entendida no como ausencia de restricciones (concepción liberal) sino como capacidad de hacer, dedicarse al propio desarrollo y participar del autogobierno de la sociedad.

¿Qué es la asamblea?

Desde sus inicios, el “movimiento” 15-M hemos establecido acertadamente la asamblea como órgano de toma de decisiones. Pero ¿qué es la asamblea? ¿La concebemos realmente como el órgano soberano de toma de decisiones?

Hoy, son muchos los espacios que se rigen por una asamblea, pero hay distintas concepciones sobre qué es ésta y cómo tiene que funcionar. Es necesario que concibamos la asamblea no como un procedimiento que complementa o mejora el sistema vigente sino como el órgano básico de un verdadero régimen democrático, una sociedad regida directamente por el Pueblo. Deberíamos que entender la democracia no sólo como un procedimiento a aplicar en algunos ámbitos, sino como la forma en que se rige la sociedad.

Para entender el papel de la asamblea tenemos que preguntarnos qué es el poder. El poder es la capacidad de hacer y decidir, de emitir mandatos con autoridad. Esta capacidad puede estar distribuida igualitariamente (todas las personas pueden participar directamente en la formulación de las leyes y la toma de decisiones que les afectan) o desigualmente (unos sectores de la sociedad dominan los demás). Así pues, eliminar el poder sería tan indeseable como imposible. Lo que sí que se tiene que erradicar es la concentración de poder, es decir, la desigualdad y las relaciones de dominación entre las personas. La asamblea es la forma de toma de decisiones que permite institucionalizar la distribución igualitaria del poder.

Así, la asamblea popular es la institución política fundamental del pueblo autónomo. Es el órgano de toma de decisiones de una comunidad y, por tanto, vinculante para ésta. A la vez, la asamblea de una asociación lugar de trabajo o colectivo es el órgano soberano del mismo.

Para poder hablar de verdadera democracia no es suficiente la institución de la asamblea, hace falta también una cultura y unos valores que la hagan posible. Se tiene que entender que una sociedad basada en la autonomía es una sociedad basada en la responsabilidad de sus miembros. Así, por ejemplo, es necesario reflexionar, debatir y trabajar individual y colectivamente las cuestiones a tratar antes de asistir a las asambleas, yendo sobre todo a aportar y no sólo a recibir. También es imprescindible que se genere un clima de respeto, confianza y convivencialidad entre las personas.

La necesidad de crítica, reflexión y mejora

Para poder construir esta nueva sociedad tenemos que des-educarnos y re-educarnos. Es necesario que nos deshagamos de los malos vicios y comportamientos que fomenta y nos ha inculcado el sistema actual y lo es que desarrollemos nuevos valores y cualidades. Así, tenemos que superar el individualismo, el egoísmo, el infantilismo, la inseguridad, el conformismo, el dogmatismo, el inmediatismo, la pereza y todas aquellas características que limitan nuestra capacidad transformadora. A la vez, hay que desarrollar la solidaridad, el apoyo mutuo, el trabajo desinteresado, la capacidad de esfuerzo, la constancia, la perseverancia, la valentía, la honradez y todas aquellas virtudes humanas que harán posible una sociedad autónoma.

Para llevar a cabo este proceso de superación y mejora personal y colectiva es fundamental tanto la crítica como la autocrítica. Hay que saber aceptar y realizar esta crítica. En este sentido, hay que saber criticar y entender que una buena crítica es una muestra de respeto –y no de una falta de éste–, ya que muestra interés y confianza en la mejora del otro. Esta crítica tiene que basarse en la voluntad de mejora y en la apuesta colectiva por el bien común, discutiendo las ideas sin que los “egos” se sientan atacados, en una actitud honesta y positiva. Tiene que ser el compromiso de todos y todas querer ir aprendiendo y mejorando como personas a lo largo de la vida.

Sólo el pueblo salva el pueblo

Es fácil ver que los políticos profesionales no harán nada para sustituir el sistema actual por uno en el que seamos el Pueblo quien decide sobre nuestro destino. Esto se debe no sólo a que va contra sus intereses, sino también a que entra en contradicción con las dinámicas del sistema que controlan. Entra en contradicción porque estas dinámicas llevan al aumento de la concentración de poder y no a la distribución igualitaria del mismo. Así, es utópico pensar que en base a reformas al sistema actual podremos superar la crisis y desigualdades inherentes a éste y a la vez construir una nueva sociedad autónoma.

Para alcanzarla, hace falta un movimiento popular masivo que apunte explícitamente hacia la construcción de una forma de organización social alternativa que sustituya la actual. Para que podamos hablar de un movimiento y éste sea realmente efectivo, es necesario que tenga unas bases sólidas compartidas y que no sea sólo un “frente común”. En este sentido, creemos que el único paradigma emancipador capaz de s tomando consciencia y escojamos luchar por la autonomía, podemos crear nuevas instituciones que apunten hacia una nueva sociedad autónoma. Estas estructuras serán la base de las instituciones de la nueva sociedad y son fundamentales para ir empoderando progresivamente el Pueblo, practicar y ensayar la democracia e ir superando progresivamente muchas de las problemáticas causadas por la economía de mercado capitalista y el Estado. Es decir, una estrategia a largo plazo que dé frutos también a corto plazo. Este cambio paralelo de instituciones y valores es el único que puede garantizar un aumento real de la consciencia a una escala social importante.

¿Por dónde empezamos?

En base a estas reflexiones, lanzamos algunas propuestas concretas para el corto plazo:

  • Reflexionar y debatir sobre estas ideas.
  • Proponer a las asambleas de barrio que tomen conciencia de la necesidad de la existencia de asambleas populares y fomenten la creación de éstas. Aunque inicialmente las nuevas asambleas populares sean de pocas personas, es necesario que quieran esdevenir instituciones soberanas, ya que este anhelo hará que busquen empoderarse política y económicamente.
  • Empoderarse económicamente, extrayendo trabajo, inmuebles y dinero de la economía de mercado e introduciéndolos en una nueva economía democrática y local en construcción, poseída y controlada directamente por el Pueblo a través de las asambleas populares.
  • Reforzar los lazos de comunidad, en base al apoyo mutuo y la solidaridad, como valores sociales fundamentales. Un primer paso para hacerlo puede ser generar espacios de encuentro recuperando el espacio público.
  • Crear espacios de formación, para recuperar la autogestión del conocimiento y aumentar nuestra consciencia.

Todas estas propuestas las podemos empezar a realizar aquí y ahora. No tenemos que pedir a los políticos profesionales que lo hagan, no depende de ellos, depende de nosotros.

Esta construcción tiene que ir acompañada de la lucha y la impugnación del sistema vigente, pero conviene destinar una buena parte de nuestras energías a la construcción. No avanzaremos hacia una nueva sociedad sólo resistiendo el sistema actual, de hecho, el máximo que conseguiremos resistiéndolo es quedarnos donde estamos. En cambio, construyendo, no sólo avanzamos hacia la sociedad anhelada sino que somos más fuertes para resistir el sistema vigente y a la vez empezamos a ensayar y practicar esta nueva sociedad, comenzamos a vivir parcialmente la autonomía.

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